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  • A los Pies del Maestro -J. KRISHNAMURTI (Obra completa)

    A los Pies del Maestro -J. KRISHNAMURTI (Obra completa)


     A LOS QUE LLAMAN

    Conducidme desde lo ilusorio a lo Real. 

    Conducidme de las tinieblas a la Luz. 

    Conducidme de la muerte a la Inmortalidad.


    En este Sendero se requieren cuatro cualidades:

    1. DISCERNIMIENTO 

    2. CARENCIA DE DESEOS 

    3. BUENA CONDUCTA 

    4. AMOR

    Trataré de explicaros lo que el Maestro me dijo acerca de cada una de ellas.


    1. DISCERNIMIENTO 

    1- La primera cualidad es el DISCERNIMIENTO. Se denomina así, generalmente, a la facultad de distinguir entre lo real y lo ilusorio, y la cual guía a los hombres para entrar en el Sendero. 

    2- Pero también es mucho más que esto, y debe practicarse no tan sólo en los comienzos del Sendero, sino en cada una de sus etapas, diariamente, hasta el fin.

    3- Vosotros entráis en el Sendero porque habéis aprendido que tan sólo en él pueden encontrar se las cosas dignas de ser alcanzadas.

    4- Los que no saben esto trabajan para adquirir riqueza y poder, pero esto dura a lo más una vida tan sólo y, por lo tanto, no es real. Hay bienes mayores, reales y perdurables, cuando los hayáis alcanzado, ya no desearéis jamás aquellos otros.

    5- En el mundo hay dos clases de seres: los sabios y los ignorantes. Esta sabiduría es la que nos interesa. 

    6- La religión que un hombre profese, la raza a que pertenezca, importan poco; lo realmente importante es que los hombres conozcan el plan Divino. Porque el plan de Dios es la evolución. 

    7- Una vez que el hombre realmente lo reconoce, no puede sino identificarse con sus designios y trabajar de acuerdo con él, porque es tan glorioso como bello. 

    8- Así, conociéndolo, permanece al lado de Dios, firme para el bien y resistente contra el mal, trabajando para la evolución y no por egoísmo.

    9- Si está al lado de Dios, está unido a nosotros, y no importa lo mínimo que se llame hindú o buddhista, cristiano o mahometano, ni que sea indio o inglés, chino o ruso. Los que están al lado de Dios saben por qué están aquí y cuál es su misión, y procuran cumplirla; 

    10- los demás no saben todavía lo que han de hacer, y así obran a menudo erróneamente e intentan trazarse vías que imaginan placenteras sin comprender que todos somos uno y que, por lo tanto, tan sólo lo que el Uno quiere puede ser verdaderamente agradable para todos. 

    11- Ellos van en pos de lo irreal, en vez de lo real. Hasta que aprendan a distinguir entre los dos, no se colocarán al lado de Dios, y, para aprenderlo, discernimiento es el primer paso.

    12- Pero, aun después de efectuada la elección, debéis recordar que hay muchas variedades de lo real y lo irreal, y por lo tanto debemos discernir también entre lo justo y lo injusto, lo esencial y lo accesorio, lo útil y lo inútil, lo verdadero y lo falso, lo egoísta y lo altruista.

    13- Aquellos que, deseosos de seguir al Maestro, han resuelto servir a lo justo a toda costa, no hallan dificultad en la elección entre lo justo y lo injusto. 

    14- Pero el cuerpo es distinto del hombre, y la voluntad del hombre no siempre coincide con el deseo del cuerpo. 

    15- Cuando vuestro cuerpo desee algo, deteneos a pensar si vosotros realmente lo deseáis. Porque vosotros sois Dios, y queréis únicamente lo que Dios quiere; así, debéis buscar profundamente en vosotros mismos para hallar el Dios interno y escuchar Su voz, que es vuestra voz. 

    16- No confundáis con vosotros mismos ni vuestro cuerpo físico, ni vuestro cuerpo astral, ni vuestro cuerpo mental, porque cada uno de ellos pretenderá ser el Yo, a fin de obtener lo que desea. Debéis conocerlos todos y reconoceros por su dueño.

      17- Cuando se ha de hacer un trabajo, el cuerpo físico quiere descansar, pasear, comer y beber; y el ignorante se dice a sí mismo: “Yo quiero hacer estas cosas y debo hacerlas.” Pero el sabio dice: “Lo que en mí desea no soy yo, y puede esperar.”

      18- A menudo, cuando se presenta alguna oportunidad para ayudar a alguien, el cuerpo incita a pensar: “¡Qué molestia me causa esto! Dejemos que otro lo haga.” Pero el hombre le replica a su cuerpo: “Tú no me estorbas para practicar el bien.”

    19- El cuerpo es nuestro animal, el caballo en que cabalgamos. Por lo tanto, debéis tratarlo y cuidarlo bien; no debéis fatigarlo; debéis alimentarlo tan sólo con comidas y bebidas puras, y llevarlo escrupulosamente limpio de la más leve mancha. 

    20- Porque sin un cuerpo perfectamente limpio y sano no podríais llevar a cabo el arduo trabajo de preparación, ni podríais soportar el esfuerzo incesante. Pero vosotros debéis gobernar constantemente al cuerpo, nunca el cuerpo a vosotros.

    21- El cuerpo astral tiene sus deseos a docenas; él os inclina a la cólera, a la injuria, a la envidia, a la avaricia, a codiciar los bienes ajenos, a sumiros en la depresión.

    22-  El cuerpo astral quiere todas estas cosas y muchas más, no porque desee perjudicaros, sino porque le gustan las vibraciones intensas, así como el cambio constante de ellas. Mas vosotros no necesitáis estas cosas, y por esto debéis saber distinguir entre vuestros deseos y los de vuestro cuerpo.

    23- Nuestro cuerpo mental desea pensar orgullosamente que es algo separado de lo demás; pensar dándose mucho valor a sí mismo y poco a los otros. Aun cuando lo hayáis apartado de las cosas mundanas, persiste en especular sobre sí mismo, en incitaros a pensar en vuestros propios progresos, en vez de pensar en la labor de los Maestros y en ayudar a los demás.

    24- Cuando meditéis, tratará de haceros pensar en las diferentes cosas que él desea, en vez de pensar en lo que vosotros queréis. Vosotros no sois esta mente, sino que ella está a vuestro servicio, y así también en este caso es necesario el discernimiento. 

    25- Debéis vigilar constantemente, su pena de fracaso.

    26- El Ocultismo no tiene compromiso entre lo justo y lo injusto. Debéis hacer a toda costa lo justo; debéis dejar de hacer lo injusto, sin importaros lo que el ignorante piense o diga. 

    27- Debéis estudiar profundamente las leyes ocultas de la Naturaleza, y cuando las conozcáis, ordenad vuestra vida de acuerdo con ella, empleando siempre la razón y el sentido común.

    28- Debéis saber distinguir lo importante de lo secundario. Firmes como una roca cuando de lo justo y de lo injusto se trate, dad siempre la razón a los demás en cosas de poca importancia. Porque debéis ser siempre amables y cariñosos, razonables y condescendientes; habéis de conceder siempre a los demás la misma libertad que necesitáis para vosotros mismos.

    29- Tratad de ver lo que es más meritorio que hagáis, y recordad que no debéis juzgar las cosas por su aparente grandeza. Es mucho más meritorio hacer una cosa mínima pero útil a la labor del Maestro, que otra de mayor apariencia de las que el mundo llama buenas.

    30- Debéis distinguir no tan sólo entre lo útil y lo inútil, sino entre lo más útil y lo menos útil. 

    31- Alimentar a un pobre es bueno, útil y noble; pero alimentar su alma es todavía más noble y más útil que alimentar su cuerpo. 

    32- Cualquier rico puede alimentar el cuerpo de un necesitado, pero tan sólo los sabios pueden alimentar su alma. Si sois sabios, vuestro deber es ayudar a otros en el logro de la sabiduría.

    33- No obstante, por sabios que seáis, tenéis mucho que aprender en este Sendero, y por esto también en él es preciso el discernimiento. Debéis pensar cuidadosamente lo que es mejor que aprendáis. 

    34- Todo conocimiento es útil, y llegará un día en que lo alcancéis; pero mientras tan sólo poseáis una parte, cuidad de que ésa sea la más útil.

    35- Dios es tanto Sabiduría como Amor, y cuanta más sabiduría alcancéis, mejor podréis manifestar a Dios. Estudiad, pues; más, en primer lugar, estudiad lo que os ayude a ayudar a los otros. 

    36- Estudiad pacientemente, no porque los hombres os llamen sabios, ni aun por tener la dicha de serlo, sino porque tan sólo el sabio puede ayudar sabiamente.

    37- Por mucho que deseéis ayudar, si sois ignorantes, podréis hacer más mal que bien.

    38- Debéis saber distinguir lo falso de lo verdadero; debéis aprender a ser verídicos en todas las circunstancias, en pensamiento, en palabra y en obra.

    39- Primero en pensamiento; y esto no es fácil, porque en el mundo hay muchos pensamientos falsos, muchas supersticiones tontas, y nadie que esté esclavizado por ellas puede progresar. 

    40- Así pues, no debéis sostener una idea precisamente porque otros la sostienen, ni porque se haya creído en ella durante siglos, ni porque esté escrita en algún libro que los hombres tengan por sagrado. Debéis pensar acerca de aquel asunto por vosotros mismos, y juzgar si es razonable. 

    41- Recordad que la opinión de un millar de hombres acerca de algún asunto que desconozcan no tiene ningún valor. 

    42- Los que piensan hollar el Sendero deben aprender a pensar por sí mismos, porque la superstición es uno de los mayores males del mundo, una de las ligaduras de que totalmente debéis desembarazaros.

    43- En lo tocante a los demás, vuestros pensamientos deben ser verídicos; no debéis pensar acerca de nadie lo que no sepáis. No supongáis que los demás están siempre pensando en vosotros.

    44- Si un hombre hace algo que parezca perjudicados, o dice algo que creáis que se refiere a vosotros, no penséis entonces: “Quiere ofender me.” Probablemente ni siquiera piensa en vosotros, porque cada alma tiene sus propias tribulaciones y pensamientos, que flotan principalmente alrededor de ella. 

    45- Si un hombre os habla colérico, no penséis: “Me odia, trata de herir me.” Quizá otra persona o alguna otra cosa lo han contrariado, y porque tropieza eventualmente con vosotros, descarga su cólera en vosotros. Él obra imprudentemente, porque toda clase de cólera es prueba de insensatez; pero vosotros no os debéis formar de él un juicio equivocado.

    46- Cuando seáis discípulos del Maestro, podréis poner siempre a tono la pureza de vuestros pensamientos comparándolos con los Suyos. 

    47- Porque el discípulo es uno con su Maestro, y debe procurar fundir su pensamiento con el Suyo y ver si coinciden. Si no están a tono, su pensamiento no es recto, y debe variarlo inmediatamente, porque los pensamientos del Maestro son perfectos, puesto que Él lo sabe todo. 

    48- Los que todavía no han sido aceptados por Él, no pueden hacerlo del todo; pero pueden ayudarse mucho deteniéndose a pensar a menudo: “¿Qué pensaría el Maestro en estas circunstancias?” “¿Qué haría o qué diría el Maestro acerca de esto?” Porque no debéis nunca hacer, decir o pensar lo que no podáis imaginar al Maestro haciéndo lo, diciéndolo o pensándolo.

    49- Aun al relatar habéis de ser verídicos, exactos y sin exageración.

    50- Nunca atribuyáis intenciones a otro; tan sólo su Maestro conoce sus pensamientos, y él puede estar obrando por razones de que no tenéis idea. 

    51- Si oís que dicen algo en contra de alguna persona, no lo repitáis; podría no ser verdad, y aun cuando lo fuese, es caritativo callar. Pensad bien antes de hablar, no sea que incurráis en inexactitudes.

    52- Sed verídicos en la acción; jamás pretendáis ser otro del que sois, porque toda pretensión sirve de impedimento a la pura luz de verdad que debe brillar a través de vosotros como la luz del sol brilla a través de un diáfano cristal.

    53- Debéis distinguir entre el egoísmo y el desinterés; porque el egoísmo se presenta bajo muchas formas, y cuando creáis que al fin lo habéis destruido en algunos de sus aspectos, surge en otro tan fuerte como siempre. 

    54- Pero gradualmente se irá animando tan por completo el pensamiento de ayudar a los demás, que no habrá lugar ni tiempo para pensar en vosotros mismos.

    55- También debéis distinguir en otro sentido. Aprended a reconocer a Dios en todos los seres y en todas las cosas, prescindiendo del mal que puedan presentar en la superficie. 

    56- Podéis ayudar a vuestros hermanos por medio de lo que tenéis de común con ellos, esto es, la Vida Divina. Aprended a despertarla y a vivificarla en ellos, así los salvaréis de lo falso.


    2. CARENCIA DE DESEOS

    57- Hay muchos individuos para quienes la cualidad “CARENCIA DE DESEOS” es verdaderamente difícil, porque sienten que sus deseos son ellos mismos, y que si desechan sus deseos peculiares, sus gustos y disgustos, dejará de existir su yo. 

    58- Pero esto les sucede tan sólo a quienes no han visto al Maestro. A la luz de su Santa Presencia se extinguen todos los deseos, menos el de igualarse a Él. 

    59- Sin embargo, antes que gocéis, de la felicidad de encontraros frente a frente con Él, podréis alcanzar, si queréis, la “Carencia de deseos”.

    60- El Discernimiento os ha mostrado ya que las cosas que los hombres más desean, como la riqueza y el poder, no tienen valor alguno. Cuando esto no se dice tan sólo, sino que se siente en verdad, cesa todo deseo de ellos.

    61- Así pues, todo eso es sencillo; sólo se requiere que lo comprendáis. Pero hay algunos que cesan de perseguir los bienes terrenales, con el fin de ganar el cielo o alcanzar la liberación personal del renacimiento; no debéis caer en este error. 

    62- Si habéis olvidado al yo, no podéis pensar en la hora en que este yo sea libre o qué clase de cielo tendrá. 

    63- Recordad que todo deseo egoísta ata, por elevado que sea su objeto, y en tanto no os hayáis librado de él no estaréis enteramente preparados para dedicaros a la labor del Maestro.

    64- Cuando desaparezcan todos los deseos que se refieren al yo, todavía puede existir el deseo de ver los resultados de vuestra obra. 

    65- Si ayudáis a alguien, querréis ver en cuánto lo habéis ayudado; aun tal vez queréis que aquel a quien habéis ayudado, también lo vea y os lo agradezca. Esto es todavía deseo, y, además, falta de confianza.

    66- Cuando hacéis todo el esfuerzo que podéis para ayudar, debe dar un resultado, tanto si podéis verlo como si no; si reconocéis la manera de obrar de la Ley, sabéis que esto es así. 

    67- Por esto debéis obrar rectamente por amor a lo recto, no con esperanza de recompensa; debéis trabajar por amor al trabajo, no por la esperanza de ver el resultado; debéis entregaros al servicio del mundo, porque lo amáis y no podéis dejar de entregaros a él.

    68- No deseéis poderes psíquicos; ya vendrán cuando el Maestro comprenda que debéis tenerlos. 

    69- Además, es esforzarse en adquirirlos trae consigo, muy a menudo, gran perturbación; frecuentemente, a su poseedor le descarrían los falaces espíritus de la naturaleza, o se envanece y cree que él no puede caer en error; y el tiempo y el esfuerzo que emplea para alcanzar estos poderes podría emplearlos, de cualquier otro modo, en trabajar para los demás. 

    70- Los poderes vendrán en el curso del desarrollo; deben venir; y si el Maestro ve que es útil que los tengáis antes, os enseñará a desarrollarlos sin peligro. Hasta entonces, estaréis mejor sin ellos.

    71- Además, debéis precaveros de ciertos pequeños deseos que son comunes en la vida diaria. No deséis jamás brillar o parecer superior en ningún sentido; 

    72- No habléis mucho. Es mejor hablar poco; es mejor todavía callar, hasta que estéis seguros de que lo que vais a decir es VERDADERO, BUENO y PUEDE AYUDAR A OTROS. Antes de hablar, pensad cuidadosamente si lo que vais a decir posee estas tres cualidades; si no es así, no lo digáis.

    73- Lo mejor es acostumbrarse desde el primer momento a pensar cuidadosamente antes de hablar, porque cuando alcancéis la Iniciación debéis fijaros en cada palabra, no sea que digáis lo que no debe decirse. 

    74- Mucha habladuría vulgar es insensata y vana; cuando es chismosa, es maligna. 

    75- Así, acostumbraos a escuchar, mejor que a hablar, no expongáis opiniones, a menos que os las pidan directamente. 

    76- En resumen; las cualidades son: saber oír, querer y callar; y la última es la más ardua de todas.

    77- Otro común deseo que debéis reprimir severamente es el de inmiscuiros en los asuntos de los demás. 

    78- Lo que otro haga o diga o crea, no es cosa vuestra, y debéis aprender a dejarlo completamente solo. 

    79- Él tiene perfecto derecho al pensamiento, palabra y acción libres, mientras no se meta con otro. 

    80- Así como vosotros reclamáis la libertad de hacer lo más conveniente, debéis cederle la misma libertad, y cuando la usufructúa no tenéis ningún derecho a ocuparos de él.

    81- Si pensáis que obra equivocadamente, y podéis hallar oportunidad de decirle privadamente y con la mayor delicadeza vuestra opinión, es posible que lo convenzáis; pero hay muchos casos en que, aun de esta manera, la intervención sería impropia. Nunca debéis hablar a una tercera persona acerca del asunto, porque ésta es una acción muy baja.

    82- Si veis un caso de crueldad contra un niño o un animal, vuestro deber es defenderlos. 

    83- Si estáis encargado de instruir a otra persona, es vuestro deber reprender afectuosamente sus faltas. Excepto en semejantes casos, ocupaos de vuestros propios asuntos y ejercitad la virtud del silencio.


    3. BUENA CONDUCTA 

    84- Las seis reglas de conducta que particularmente se requieren, las da el Maestro en este orden:

    1ª Dominio de la mente.

    2ª Dominio de la acción.

    3ª Tolerancia.

    4ª Alegría.

    5ª Aspiración única.

    6ª Confianza.

    ( Sé que algunas de estas cualidades se han nominado diferentemente, pero yo hago uso de los nombres que el Maestro mismo les daba al explicármelas.)

    1ª dominio de la mente. — 

    85- La cualidad “Carencia de deseos” nos demuestra que debemos dominar el cuerpo astral; esta otra significa lo mismo con relación al cuerpo mental. Ello implica dominio del temperamento, de suerte que no podáis sentir cólera o impaciencia; dominio de la mente, de modo que podáis sosegar y tranquilizar el pensamiento 

    86- y, por medio de la mente, dominio del sistema nervioso, a fin de que se excite lo menos posible. Esto último es difícil, porque cuando os preparáis para entrar en el Sendero, no podéis evitar que vuestro cuerpo se haga más sensitivo, y así los nervios son perturbados por cualquier choque o sonido, y sienten agudamente cualquier presión; mas debéis hacer lo posible por evitarlo.

    87- Mente tranquila significa también valor para arrastrar sin temor las pruebas y dificultades del Sendero; significa además firmeza para considerar serenamente cuanto os acontezca en la vida cotidiana, y evitar el incesante tedio e inquietud que dimanen de ciertos pormenores de la vida, en los que muchos malgastan la mayor parte del tiempo. 

    88- El Maestro enseña que a un hombre no le debe importar lo más mínimo cuanto provenga del exterior: tristezas, disgustos, enfermedades, pérdidas; todo esto nada debe significar para él, ni ha de permitir que perturbe la calma de su mente. 

    89- Estas cosas son resultado de pasadas acciones, y cuando sobrevengan, debéis soportarlas con calma, recordando que todo mal es transitorio, y que vuestro deber es permanecer siempre contentos y serenos. Aquello pertenece a vuestras vidas anteriores, no a ésta; no podéis alterarlo, y, así es inútil preocuparos por ello. 

    90- Pensad, mejor, lo que hacéis ahora, lo cual determinará los acontecimientos de vuestra próxima vida, pues esto podéis modificarlo.

    91- No cedáis jamás a la tristeza ni a la depresión.

    La depresión es un mal, porque contamina a otros y torna sus vidas más penosas, a lo cual no tenéis derecho alguno. Por esta razón, si alguna vez os acometen, desechadlas para siempre.

    92- Aun en otro sentido debéis dominar vuestro pensamiento; no le permitáis errar a la ventura. Fijad la atención en lo que estéis haciendo, sea lo que fuere, para que lo hagáis con toda la perfección posible; 

    93- no acostumbréis vuestra mente a la vagancia; antes bien conservad buenos pensamientos siempre en su fondo, dispuestos a surgir en el momento en que ella esté libre.

    94- Emplead todos los días el poder de vuestro pensamiento en buenos propósitos; convertíos en un poder que trabaje de acuerdo con la evolución. 

    95- Pensad cada día en alguno de quien sepáis que está triste, que sufre o que necesita ayuda, y enviadle pensamientos de amor.

    96- Apartad vuestra mente del orgullo, porque el orgullo es hijo de la ignorancia. El ignorante cree ser grande, cree que ha hecho esta o aquella gran cosa; 

    97- El sabio sabe que tan sólo Dios es grande y que sólo Él es el hacedor de todas las cosas buenas y perfectas.

    2a dominio de la acción. — 

    98- Si vuestra mente es tal como debe ser, se perturbará muy poco con vuestra acción. Recordad que para ayudar a la Humanidad, el pensamiento debe convertirse en acción.

    99- En esta labor no caben tibiezas, sino una constante actividad. Pero debéis cumplir vuestro propio deber, no el de los demás, a no ser con su permiso y con el fin de ayudarlos. 

    100- Dejad que cada cual cumpla su propio deber, a su modo peculiar; estad siempre dispuestos a ofrecer vuestro apoyo cuando sea necesario, pero nunca os entrometáis. 

    101- Porque, para algunas personas, la cosa más difícil del mundo es aprender a cumplir sus propios deberes, y precisamente esto es lo que vosotros debéis hacer.

    102- Aunque tratéis de realizar una labor más elevada, no por ello debéis olvidar vuestros deberes ordinarios, pues hasta que éstos no queden satisfechos, no estaréis en libertad para prestar otros servicios. 

    103- No os comprometáis a nuevos deberes mundanos; mas debéis cumplir perfectamente aquellos de que estéis encargados, esto es, todos aquellos deberes que reconozcáis como evidentes y razonables, no deberes imaginarios que otros traten de imponeros.

    104- Si queréis servirles a Ellos, debéis cumplir vuestros deberes ordinarios mejor y no peor que los demás; porque haciendo esto también Les servís.

    3ª tolerancia.—

    105- Debéis sentir perfecta tolerancia hacia todos y un sincero interés por las creencias de los que profesan otras religiones, tanto como por la que profesáis. Porque la religión de los otros es un sendero que conduce a lo más elevado, lo mismo que la vuestra. Para ayudar a todos, debéis comprenderlos.

    106- Mas, para alcanzar esta perfecta tolerancia, debéis libraros antes del fanatismo y de la superstición. Debéis saber que no hay ceremonias necesarias; de otro modo es consideraríais algo mejores que los que no las practican. 

    107- Sin embargo, no debéis vituperar a los que aun las necesitan. Dejadles hacer su voluntad; pero ellos no deben meterse con vosotros, que sabéis la verdad, ni deben tratar de imponeros aquello que habéis trascendido.

    108- Sed indulgentes y bondadosos en todo.

    109- Ahora que vuestros ojos están abiertos, quizás os parezcan absurdas algunas de vuestras antiguas creencias y ceremonias; tal vez lo sean en realidad. Pero, aunque ya no toméis parte en ellas, respetadlas por consideración a aquellas buenas almas para quienes todavía tienen importancia. Ellas tienen su lugar y su utilidad, como la falsilla le sirve a un niño para escribir derecho, hasta que aprende a escribir mejor y con mayor igualdad sin ella. Hubo un tiempo en que las necesitasteis, pero ya pasó aquel tiempo.

    110- Un gran instructor dijo: “Cuando yo era niño, hablaba, comprendía y pensaba como niño; pero ya hombre, di de lado las niñerías.”

    111- Quien haya olvidado su infancia y perdido la simpatía por los niños no puede enseñarles ni ayudarles. 

    112- Así, sed bondadosos, amables, tolerantes con todos los hombres sin distinción, sean buddhistas o indos, jainas o judíos, cristianos o musulmanes.

    4ª alegría.—

    113- Debéis sobrellevar alegremente vuestro karma, cualquiera que sea, aceptando como un honor que el sufrimiento caiga sobre vosotros, porque esto demuestra que los Señores del Karma os consideran dignos de ayuda. Por muy penoso que resulte, agradeced que no sea peor. 

    114- Recordad que podréis servir muy poco para la labor del Maestro, mientras vuestro mal karma no se extinga y quedéis libres. 

    115- Al ofreceros a Él, habéis pedido que se acelerase vuestro karma, y así, en una o dos vidas haréis lo que de otro modo hubierais debido hacer en cientos. Pero a fin de obtener el mejor resultado, debéis sobre llevarlo alegremente.

    116- Todavía hay otro aspecto. Debéis desechar toda idea de posesión. El Karma puede arrebataros las cosas que más queráis y hasta a las personas que más améis. Aun entonces debéis permanecer alegres, dispuestos a separaros de todo. 

    117- A menudo el Maestro necesita verter Su fuerza sobre otros por medio de Su discípulo e incondicional servidor; y si éste cayese en la depresión no podría Él realizarlo. Así, la alegría debe ser vuestra norma.

    5ª aspiración única.—

    118- El objetivo que debéis tener a la vista es realizar la obra del Maestro. No debéis jamás olvidarla, cualesquiera que sean las ocupaciones que os salgan al paso, y ninguna otra labor puede interponerse en vuestro camino, porque toda la que sea fecunda y desinteresada es labor del Maestro, y debéis ejecutar la por amor a Él. Además, debéis poner toda vuestra atención en cada parte de la misma, para que la hagáis lo más perfecta posible.

    119- El mismo Instructor dijo también: “Sea lo que fuere que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. 

    120- Pensad cómo ejecutaría una obra si supieseis que el Maestro ha de venir a verla; así debéis realizar toda labor.” 

    121- Los más conscientes sabrán mejor lo que este versículo significa. Y hay otro semejante y mucho más antiguo: “Esfuérzate tanto como puedas en cumplir cualquier cosa que se te presente.”

    122- Aspiración única significa también que nada deberá jamás desviaros, ni siquiera por un momento, del sendero en que habéis entrado. Ni tentaciones, ni placeres terrenales, ni mundanos afectos deberán nunca apartaros de él. 

    123- Porque vosotros mismos debéis identificaros con el Sendero, el cual ha de formar parte de vuestra natulareza, de tal modo que lo sigáis sin necesidad de pensar en él ni en la posibilidad de abandonarlo. Vosotros, la Mónada, lo habéis decidido; desprenderos de él equivaldría a desprenderos de vosotros mismos.

    6ª confianza.—

    124- Debéis confiar en vuestro Maestro; debéis confiar en vosotros mismos. Si ya habéis visto al Maestro, confiaréis del todo en Él a través de vidas y muertes. 

    125- Si aún no Lo habéis visto, debéis tratar de imaginároslo y confiar en Él, porque si no lo hiciéreis, no podrá Él ayudaros. Sin completa confianza no puede establecerse la perfecta corriente de amor y de poder.

    126- Debéis tener confianza en vosotros mismos. ¿Decís que os conocéis bien a vosotros mismos? Si tal creéis, no os conocéis; tan sólo conocéis la débil corteza externa que con frecuencia cae en el cieno. 

    127- Vosotros, vuestro Yo real, es una chispa del propio Fuego Divino; y como Dios, que es omnipotente, está en vosotros, nada hay que no podáis hacer si queréis. 

    128- Decíos: “Lo que hizo un hombre, otro hombre puede hacerlo. Yo soy un ser humano, más aún, soy Dios en el hombre: puedo y quiero hacerlo.” Porque vuestra voluntad debe ser cual acero templado, si queréis hallar el Sendero.


    4. AMOR

    129- El Amor es la cualidad más importante, porque cuando es bastante fuerte en un hombre, lo estimula a revestirse de todas las demás, que sin ella nunca serían suficientes. 

    130- Suele definirse el amor como un intenso deseo de unión con Dios y de liberación de la rueda de nacimientos y muertes. Pero este concepto del amor suena a egoísta e implica sólo una parte de su significado.

    131- El amor es más que deseo; es voluntad, resolución, determinación. Para producir este resultado, la resolución debe llenar vuestra naturaleza entera, hasta el punto de no dejar lugar para ningún otro sentimiento. 

    132- Es, sin duda, la voluntad de ser uno con Dios, no para escapar del sufrimiento y de la fatiga, sino a fin de que, en razón de vuestro amor profundo hacia Él, podáis obrar con Él y como Él obra… 

    133- Pues siendo Dios Amor, si queréis llegar a ser uno con Él, debéis también estar poseídos de amor y perfecto altruismo.

    134- En la vida diaria, esto significa dos cosas: primera, que procuréis cuidadosamente no causar daño a ningún ser viviente; segunda, que siempre estéis alerta por si se presenta la oportunidad de ayudar.

    135- Primero, no dañar. Hay tres pecados que causan en el mundo mayores males que todos los demás: maledicencia, crueldad y superstición, porque son pecados contra el amor. Si el hombre quiere henchir su corazón de amor divino, ha de vigilarlos y combatirlos constantemente.

    136- Veamos los efectos de la maledicencia: Principia con el mal pensamiento, y esto en sí mismo es ya un crimen. Porque en todas las personas y en todas las cosas existe el bien y el mal. A cualquiera de éstos podemos prestarle fuerza, pensando en él, y por este medio ayudar o estorbar la evolución; podemos hacer la voluntad del Logos o trabajar en contra de ella.

    137- Si pensáis mal de otro, cometéis tres iniquidades a un tiempo:

    138- 1a Llenáis el ambiente que os rodea de malos pensamientos en vez de buenos, y así aumentáis las tristezas del mundo.

    139- 2a Si en el ser en quien pensáis existe el mal que le atribuís, lo vigorizáis y alimentáis; y así, hacéis peor a vuestro hermano en vez de hacerlo mejor. Pero, si generalmente el mal no existe en él y tan sólo lo habéis imaginado, entonces vuestro maligno pensamiento tienta a vuestro hermano y lo induce a obrar mal, porque, si no es todavía perfecto, podéis convertirlo en aquello que de él habéis pensado.

    140- 3a Nutrís vuestra propia mente de malos en vez de buenos pensamientos, y así impedís vuestro propio desarrollo y os hacéis, a los ojos de quienes pueden ver, un objeto feo y repulsivo, en vez de bello y amable.

    141- No contento con hacerse todo este daño y hacérselo a su víctima, el maldiciente procura con todas sus fuerzas que los demás participen de su crimen. Les expone con vehemencia su chisme, con la esperanza de que lo crean, y entonces los convencidos cooperan con él, enviando malos pensamientos al pobre paciente. Y esto continúa día tras día, y no lo hace sólo una persona, sino miles. ¿Veis ahora cuán bajo, cuán terrible es este pecado? Procurad evitarlo en absoluto. 

    142- No habléis jamás mal de nadie; negaos a escuchar a quien os hable mal de otro, y decidle, afectuosamente: “Tal vez eso no sea verdad, y, aunque lo fuese, es mejor no hablar de ello”.

    143- En cuanto a la crueldad, ésta es de dos clases: intencionada y sin intención. La crueldad intencionada consiste en causar, de propósito, dolor a otros seres vivientes, y éste es el pecado más grave de todos: obra de diablo más bien que de hombre. Diréis que ningún hombre puede hacer una cosa semejante; pero precisamente los hombres la han hecho muy a menudo y aún la están haciendo cada día. 

    144- Los inquisidores la practicaron, y también muchas gentes religiosas en nombre de su religión; los vivisectores, así como habitualmente algunos maestros de escuela. Todas estas personas tratan de excusar su brutalidad con la costumbre; pero un crimen no deja de serlo porque muchos hombres lo cometan. 

    145- Karma no tiene en cuenta las costumbres; y el karma de la crueldad es el más terrible. En la India, al menos, no puede haber excusa para tales costumbres, porque todos conocen el deber de no acusar mal a nadie. 

    146- El destino de los crueles cae también sobre aquellos que se dedican intencionadamente a matar a las criaturas de Dios, y llaman a esto deporte. Ya sé que tales cosas no las efectuáis vosotros, y por amor de Dios hablaréis claramente contra ellas cuando la oportunidad se os presente.

    147- Pero también hay crueldad en las palabras como en los actos, y una persona que diga una palabra con intención de herir a otra es culpable de este crimen. Esto tampoco lo haréis vosotros; pero algunas veces una palabra dicha al descuido hace tanto daño como una maliciosa. 

    148- Así pues, debéis estar siempre en guardia contra la crueldad no intencionada. En general, ello procede de la irreflexión. 

    149- Hay hombres tan poseídos de la ambición y de la avaricia, que ni siquiera se dan cuenta del sufrimiento que causan a los demás pagándoles poco, o haciendo pasar hambre a su mujer e hijos 

    150- Otros, pensando tan sólo en su codicia, se preocupan poco de los cuerpos y de las almas, a quienes arruinan por satisfacerla. 

    151- Para librarse de unos cuantos minutos de molestia, un hombre deja de pagar a sus obreros el día que les corresponde, sin acordarse de las dificultades que este hecho les reporta. ¡Tanto sufrimiento se causa por descuido, por olvidar cómo una acción ha de afectar a los demás!… 

    152- Pero Karma nunca olvida, y no tiene en cuenta que los hombres olviden los hechos. Si deseáis entrar en el Sendero, debéis pensar en las consecuencias de vuestros actos, para que no seáis culpables de crueldad irreflexiva.

    153- La superstición es otro mal tremendo, que ha causado grandes y terribles crueldades. Las personas esclavas de ella menosprecian a las que saben más, y tratan de obligarlas a hacer lo que ellas hacen.

    154- Pensad en la horrorosa matanza debida a la superstición de sacrificar a los animales y al todavía más terrible prejuicio de que el hombre necesita alimentarse de carnes. 

    155- Pensad en el trato a que la superstición ha dado motivo con respecto a las clases oprimidas en nuestra amada India, y ved cómo esta mala tendencia puede engendrar una despiadada inconsideración, aun entre los que conocen el deber de fraternidad.

    156- Los hombres han cometido muchos crímenes en nombre del Dios de Amor, movidos por la pesadilla de la superstición; cuidad mucho de que no quede en vosotros ni el más leve vestigio de ella.

    157- Debéis evitar estos tres grandes delitos, porque son fatales a todo progreso, por ser pecados contra el amor. Pero no tan sólo estáis obligados a refrenaros de este modo ante el mal, sino que habéis de ser activos para el bien. 

    158- El intenso deseo de servir ha de llegar al máximo, hasta el punto de estar siempre a la mira para aplicarlo alrededor de vosotros no tan sólo a las personas, sino a los animales y a las plantas. 

    159- Debéis prestar vuestro servicio hasta en las pequeñas cosas de la vida diaria, de modo que, acostumbrándoos a ello, no podáis substraeros, cuando se presente la oportunidad de hacer cosas de mayor importancia. 

    160- Pues si deseáis llegar a ser uno con Dios, que no sea para vuestro propio beneficio, sino para convertiros en canal por donde fluya Su amor para alcanzar a vuestros semejantes.

    161- El que está en el Sendero no vive para sí mismo, sino para los demás; se olvida de él para poder servirlos. Es a manera de pluma en manos de Dios, por la que fluye Su pensamiento y tiene expresión aquí abajo, lo que no podría suceder sin ella. Es a manera de un canal de fuego viviente que derrama sobre el mundo el Divino Amor que llena su corazón.

    162- La sabiduría que os capacita para ayudar, la voluntad que dirige la sabiduría, el amor que inspira la voluntad, éstas son vuestras cualidades.

    163- Voluntad, Sabiduría y Amor son los tres aspectos del Logos; y vosotros, que deseáis alistaros para servirlo, debéis, hacer gala de ellos en el mundo.


    Quien la palabra del Maestro anhele, 

    De Sus mandatos póngase en escucha 

    Entre el fragor de la terrena lucha, 

    Y la escondida Luz atento cele.

    Sobre el inquieto y mundanal gentío, 

    Del Maestro atisbe la señal más leve,

    Y oiga el susurro que Su voz eleve

    Del mundo entre el rugiente griterío.


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  • Existencialismo sin Dios: una mirada desde Jean-Paul Sartre

    Existencialismo sin Dios: una mirada desde Jean-Paul Sartre

    El existencialismo es una de las corrientes filosóficas más influyentes del siglo XX, y Jean-Paul Sartre, en su obra El existencialismo es un humanismo (1946), ofrece una de sus exposiciones más claras y polémicas. Antes de entrar en materia, conviene subrayar que esta postura no pretende ser una verdad absoluta ni una invitación a renunciar a creencias religiosas. De hecho, el propio Sartre distingue entre existencialistas cristianos —como Gabriel Marcel— y existencialistas ateos, entre los cuales él mismo se inscribe. Ambas vertientes coinciden en un principio esencial: la existencia precede a la esencia.

    Existencia antes que esencia

    Sartre explica esta fórmula con un ejemplo sencillo: pensemos en un objeto fabricado, como un libro o un cortapapel. Antes de que exista físicamente, ya estaba concebido en la mente del artesano. Su forma, su función y su utilidad han sido definidas de antemano. En este caso, la esencia precede a la existencia, pues el concepto existe antes que el objeto.

    Por siglos, gran parte de la tradición religiosa pensó al ser humano de manera similar: como una creación de Dios que, al igual que el libro en manos del artesano, había sido concebida con un propósito específico. “El hombre es la realización de un concepto divino en el entendimiento de Dios” (Sartre, 1946). En esta mirada, el ser humano ya posee una naturaleza establecida.

    El existencialismo ateo rompe radicalmente con esta visión. Si Dios no existe, entonces al menos hay un ser cuya existencia precede a cualquier esencia: el hombre. Esto significa que el ser humano aparece primero en el mundo, sin plan ni naturaleza prefijada, y solo después, a través de sus actos y decisiones, se define.

    El hombre como proyecto

    Decir que la existencia precede a la esencia equivale a afirmar que no hay naturaleza humana universal. El ser humano no es una pieza ya diseñada, sino un proyecto abierto, un constante hacerse. Sartre lo explica de forma tajante:

    “El hombre no es otra cosa que lo que él se hace” (El existencialismo es un humanismo).

    Este “nada” inicial del que parte no es vacío absoluto, sino apertura y posibilidad. El hombre es, en palabras de Sartre, un “ser-para-sí”, es decir, una conciencia que se proyecta hacia el futuro, que se construye a sí misma en el tiempo.

    De esta manera, el hombre es autor de su propia historia. No hay una esencia que lo encadene: es el resultado de lo que decide hacer de sí. En este sentido, el existencialismo puede ser visto no solo como una teoría filosófica, sino como un llamado a la responsabilidad de vivir auténticamente.

    Libertad y responsabilidad

    El principio sartreano conduce a una consecuencia inevitable: si no hay naturaleza humana preestablecida, entonces el hombre es absolutamente libre. Pero esta libertad no es ligera ni cómoda; más bien, se convierte en una carga. Sartre lo describe con una frase célebre:

    “El hombre está condenado a ser libre”.

    Condenado, porque no se ha creado a sí mismo ni puede evitar existir; libre, porque una vez en el mundo, cada elección que realice será completamente suya.

    Esa libertad radical implica también una responsabilidad radical. Al elegir, el hombre no solo se define a sí mismo, sino que también proyecta una imagen de lo humano. “En la medida en que me elijo, elijo al hombre” (Sartre, 1946). No hay excusas válidas —ni la naturaleza, ni el destino, ni Dios— para evadir lo que somos. Somos responsables de cada acto que nos constituye.

    La angustia existencial

    Esa responsabilidad provoca lo que Sartre llama angustia: la experiencia de sentir que nuestras elecciones no solo nos comprometen a nosotros, sino que comprometen a toda la humanidad. La angustia no debe confundirse con miedo paralizante, sino con la lucidez de saber que no hay nada —ni un manual divino ni una esencia fija— que nos diga cómo vivir.

    La angustia, junto con la desesperación y la náusea (conceptos que Sartre desarrolla en otras obras), no son defectos de la existencia humana, sino parte de la condición misma de vivir en libertad.

    Ser lo que hacemos

    El existencialismo sartreano es, en el fondo, una invitación a asumir la vida con responsabilidad y autenticidad. Sin un Dios que dicte lo que debemos ser, y sin una esencia predefinida que nos limite, el ser humano está lanzado al mundo con la tarea de construirse a sí mismo.

    Sartre lo resume con sencillez y radicalidad:

    “El hombre no es más que la suma de sus actos”.

    Esto significa que no somos otra cosa que lo que hacemos con nuestra existencia. Más allá de la angustia, la libertad que el existencialismo propone es también una oportunidad: la posibilidad de crear un sentido propio, de inventarnos a cada paso y de reconocernos como proyectos siempre inacabados.

    Gracias por leerme,
    — Carlos

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  • Los cinco lenguajes del amor y el tanque emocional -Gary Chapman

    Los cinco lenguajes del amor y el tanque emocional -Gary Chapman

    El amor es un puente que conecta a las personas, pero no siempre hablamos el mismo idioma. Gary Chapman nos enseñó que el amor no solo se siente, también se comunica, y que la forma en la que lo expresamos puede marcar la diferencia entre una relación plena y una relación vacía. Sus cinco lenguajes del amor y la metáfora del tanque del amor nos ofrecen herramientas para comprender cómo nutrir los vínculos de manera consciente.

    1. Palabras de afirmación

    Las palabras poseen un poder transformador. Para algunas personas, escuchar un “te quiero”, “me siento orgulloso de ti” o un simple “gracias” es suficiente para llenar su tanque emocional. Las afirmaciones refuerzan la identidad, brindan seguridad y actúan como recordatorios de que somos valiosos.
    En psicología, este lenguaje se vincula con la importancia del reconocimiento positivo: el refuerzo verbal puede moldear la autoestima y el sentido de pertenencia. Por el contrario, la ausencia de palabras o el uso de críticas constantes vacían el tanque y generan heridas profundas.

    2. Tiempo de calidad

    El tiempo es un recurso no renovable, y ofrecerlo con atención plena es una de las formas más puras de amar. Este lenguaje no se trata solo de “estar juntos”, sino de compartir presencia consciente: una conversación sin distracciones, un paseo, una cena en calma.
    Desde la perspectiva psicológica, el tiempo de calidad responde a la necesidad de conexión emocional auténtica. Cuando alguien nos ofrece su atención sin prisa ni celular de por medio, nos sentimos vistos y reconocidos en nuestra totalidad. La ausencia de este lenguaje puede generar sensación de soledad incluso dentro de la relación.

    3. Regalos

    Para quienes hablan este lenguaje, los obsequios son más que objetos: son símbolos visibles del afecto. No se trata de lo material, sino del significado detrás de un detalle. Un regalo puede ser una carta escrita a mano, una flor, un libro, o incluso algo encontrado que recuerda a la persona amada.
    En términos psicológicos, los regalos actúan como anclas emocionales: un objeto que representa la presencia del otro incluso en su ausencia. Su ausencia prolongada puede interpretarse como olvido o desinterés, mientras que su presencia genera alegría y validación.

    4. Actos de servicio

    Este lenguaje se manifiesta en acciones que facilitan la vida del otro: preparar la comida, ayudar en una tarea, apoyar en momentos de cansancio. Para estas personas, el amor se mide en hechos y no tanto en palabras.
    La psicología humanista entiende estos actos como expresiones de cuidado y empatía: el compromiso de salir de uno mismo para contribuir al bienestar del otro. Cuando este lenguaje se ignora, la persona puede sentirse no valorada, como si sus necesidades no fueran tomadas en cuenta.

    5. Contacto físico

    El cuerpo es también un canal de comunicación afectiva. Un abrazo, una caricia, un beso o simplemente tomar la mano pueden transmitir más que mil palabras. Para quienes hablan este lenguaje, la cercanía física es el recordatorio constante de que son amados y aceptados.
    El contacto físico está profundamente ligado al desarrollo emocional: estudios en neurociencia demuestran que activa hormonas como la oxitocina, relacionadas con la calma, la confianza y el apego. En ausencia de contacto, se produce una desconexión que puede interpretarse como rechazo.

    El tanque del amor: la metáfora central

    Chapman propone la imagen del tanque del amor como un depósito emocional que todos llevamos dentro. Este tanque necesita mantenerse lleno de expresiones significativas de amor para que podamos sentirnos seguros y conectados. Cuando el tanque se vacía, las relaciones se vuelven frágiles, los conflictos se intensifican y la percepción de abandono se agudiza.
    Desde la psicología, este concepto se relaciona con la teoría del apego y la importancia de la base segura. Un tanque lleno no solo fortalece los vínculos, sino que también da resiliencia frente a las dificultades externas. El amor, entonces, se convierte en una fuente de energía que sostiene, calma y da sentido.

    El amor no es uniforme ni automático: requiere consciencia, aprendizaje y esfuerzo. Reconocer nuestro lenguaje y el de las personas que amamos es un acto de humildad y empatía. No basta con amar, necesitamos aprender a expresarlo en la forma en que el otro lo recibe.

    Llenar el tanque del amor no significa renunciar a nosotros mismos, sino cultivar la reciprocidad: hablar en idiomas distintos para construir un espacio común. Tal vez ahí radique la verdadera sabiduría de la propuesta de Chapman: que el amor no es solo emoción, sino práctica constante de comprensión y cuidado.

    Gracias por leerme,
    — Carlos

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  • Los cuatro pilares esenciales sobre el Arte de amar -Erich Fromm

    Los cuatro pilares esenciales sobre el Arte de amar -Erich Fromm

    ¿Es el amor algo que simplemente nos sucede… o algo que se cultiva? En una época donde el amor parece un producto más de consumo rápido, Erich Fromm nos recuerda algo esencial: amar es un arte, y como todo arte, requiere conocimiento, práctica, dedicación y conciencia.

    En su libro “El arte de amar”, Fromm propone que todas las formas genuinas de amor —ya sea romántico, fraternal, maternal, a la naturaleza o a uno mismo— comparten cuatro elementos fundamentales. Aquí los exploramos uno por uno:

    1. Cuidado

    El amor comienza con el cuidado activo. No se trata de un sentimiento pasivo, sino de una implicación real con el bienestar de quien se ama. Fromm lo ilustra con un ejemplo muy claro: si una madre dice amar a su hijo pero lo descuida, no confiaríamos en ese amor. Lo mismo aplica a cualquier vínculo: si alguien dice amar a las plantas, pero las deja secarse… ese “amor” pierde validez.

    Amar es preocuparse activamente por la vida y el crecimiento de lo que amamos.

    El cuidado no es solo físico, también es emocional. Implica estar ahí, observar, intervenir cuando es necesario, nutrir, sostener… cultivar el vínculo con atención y presencia.

    2. Responsabilidad

    Este segundo pilar suele confundirse con obligación, pero Fromm lo redefine como la capacidad de responder: estar disponible emocionalmente, atender las necesidades del otro de forma voluntaria y libre.

    Ser responsable es decir: “Tu existencia también me importa. Tu dolor no me es ajeno.”

    Amar es asumir el compromiso de estar, de ser parte, no desde la exigencia o la posesión, sino desde una respuesta humana, empática y libre.

    3. Respeto

    Amar no es moldear al otro a nuestra imagen. Es permitirle ser quien es, y al mismo tiempo acompañarlo en su proceso de desarrollo.

    “Respeto” viene del latín respicere: mirar. Amar es ver al otro como realmente es, no como queremos que sea.

    Si hay respeto, no hay dominio. No hay explotación. Hay libertad. Y solo si somos libres —si no necesitamos controlar ni poseer— somos capaces de respetar y, por tanto, de amar.

    4. Conocimiento

    No se puede cuidar lo que no se conoce, ni ser responsable de lo que no comprendemos, ni respetar aquello que ignoramos. Por eso, el conocimiento profundo del otro es el cuarto componente clave del amor.

    El amor auténtico implica conocer a la persona por lo que es, no por lo que proyectamos en ella.

    Conocer implica interés, atención, escucha, sensibilidad. Implica ver más allá de las máscaras y conectar con la verdad de la otra persona.

    ¿Qué le da una persona a otra cuando ama?

    Fromm responde con una frase que conmueve:

    “Da de sí misma, de lo más precioso que tiene, de su propia vida.”

    Amar no es solo recibir. Es dar presencia, tiempo, energía, verdad. No como sacrificio, sino como un acto libre, generoso y profundo de entrega.

    El libro El arte de amar no te da fórmulas mágicas, pero sí una brújula ética y emocional para cultivar vínculos más sanos y conscientes.

    Gracias por leerme,
    — Carlos

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