Cuando la primera pregunta es “¿Cómo estás?”, la respuesta más común suele ser “Estoy bien”. Esta frase, tan cotidiana e inocente, encierra un universo de complejidades. Muchas veces se trata de una respuesta automática, destinada a evitar preocupaciones o abrirse emocionalmente.
La escritora y activista Helen Keller lo expresó con claridad: “El bienestar de cada uno está encerrado en el bienestar de todos”. Sin embargo, detengámonos un momento en ese “Estoy bien”. Aunque puede ser sincero en ocasiones, en muchas otras oculta una realidad distinta: incomodidad, dolor o insatisfacción.
El autoengaño: Una estrategia de supervivencia
Responder “Estoy bien” puede ser una forma de escapismo emocional. Al callar lo que nos incomoda, acumulamos tensión interna que, tarde o temprano, busca salida: ya sea hacia afuera, con reacciones desproporcionadas, o hacia adentro, manifestándose en el cuerpo con migrañas, dolores o malestares.
El autoengaño nace del deseo de evitar conflictos o situaciones incómodas. Sin embargo, a largo plazo, esta estrategia nos aleja de la auténtica conexión con los demás y con nosotros mismos. La clave para romper este ciclo es aprender a comunicarnos con claridad y cuidado: expresar lo que sentimos sin temor, sabiendo que nuestras palabras pueden generar cambios positivos.
La era de las apariencias
Vivimos en una sociedad que glorifica la felicidad y penaliza la vulnerabilidad. Las redes sociales son el mejor ejemplo: proyectamos una imagen de éxito, alegría y perfección, incluso cuando nuestra realidad es distinta. Este contexto social nos lleva a negar nuestras emociones, a fingir que estamos bien para encajar en un molde de “normalidad”.
El psiquiatra Carl Jung lo dijo con sabiduría: “Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”. Reconocer y aceptar nuestras emociones es un primer paso hacia una vida más plena y genuina.
Anestesia emocional: Cuando dejamos de sentir
En algunos casos, la negación de las emociones llega al extremo de la anestesia emocional. Este fenómeno ocurre cuando hemos aprendido a suprimir nuestras emociones para mantener relaciones o evitar confrontaciones.
Con el tiempo, esta práctica puede generar dependencia emocional y relaciones tóxicas. Para superar la anestesia emocional, es esencial dedicar tiempo a explorar cómo nos sentimos realmente y a registrar nuestras reacciones corporales ante distintas situaciones. Este autoconocimiento nos permite dar el siguiente paso: comunicar nuestro sentir con honestidad y respeto.
La importancia de una higiene emocional
Dejar de fingir que todo está bien no significa compartirlo todo con todos, pero sí ser honestos en nuestras interacciones. Frases como “No estoy muy bien ahora, pero esto pasará” son pasos hacia una comunicación más auténtica. Promover una cultura de apertura emocional puede ayudarnos a reducir el estigma en torno a temas como la depresión o la ansiedad.
Llamado a la acción
Como amigos, padres, hermanos o compañeros de trabajo, tenemos la responsabilidad de estar atentos a las señales de angustia en quienes nos rodean. Ante un “Estoy bien”, es valioso ofrecer apoyo con frases como: “Quiero que sepas que si necesitas algo, aquí estoy para escucharte”. Estas palabras pueden abrir un espacio de conexión emocional donde las personas se sientan cómodas compartiendo lo que realmente sienten.
En una sociedad que nos empuja hacia el hermetismo emocional, elegir la autenticidad puede ser un acto de resistencia. Al promover conversaciones más genuinas sobre salud mental, contribuimos a construir una comunidad más consciente y empática. Porque, al final, admitir que no estamos bien no es una debilidad, sino una muestra de valentía y humanidad.
Gracias por leerme,
— Carlos
