Categoría: Notas

  • Se un amateur -Austin Kleon

    Se un amateur -Austin Kleon

    *Quiza antes de comenzar a leer esta Nota te interese el Tiktok que está al final de la página.


    “Eso es lo que somos todos: amateurs. Nadie vive lo suficiente para ser otra cosa” (Charlie Chaplin)

    Austin Kleon quien es autor de Roba como un artista, escribe este concepto en su libro ¡Aprende a promocionar tu trabajo !

    A todos nos aterra la posibilidad de parecer amateurs cuando, en realidad, hoy es el amateur, el entusiasta que trabaja por amor a lo que hace sin importarle la fama, el dinero o la ambición profesional (en francés la palabra significa “amante”), quien suele tener ventaja sobre el especialista. 

    Como tienen poco que perder, los amateurs están deseando probar cosas y compartir sus resultados.

    Se arriesgan, experimentan y siguen sus propios antojos.

    En ocasiones, en el proceso de hacer las cosas de manera poco “profesional”, realizan nuevos descubrimientos. 

    “En la mente de un principiante, existen muchas posibilidades —dice el monje Zen Shunryu Suzuki—, en la del experto, pocas.”

    Un amateur no tiene miedo a cometer errores o a parecer ridículo en público 

    Está enamorado así que no tiene problemas para hacer aquello que otros consideran una pérdida de tiempo o algo directamente estúpido. 

    El verdadero salto está entre no hacer nada o hacer algo. Los amateurs saben que aportar algo es mejor que no aportar nada. 


    @psic.carloshrdz

    En la mente de un principiante, existen muchas posibilidades —dice el monje Zen Shunryu Suzuki—, en la del experto, pocas. El verdadero salto está entre no hacer nada o hacer algo. Los amateurs saben que aportar algo es mejor que no aportar nada. #psicologo @austinkleon

    ♬ Beanie Waltz – Seb Wery
  • ¿Cómo escribir mal?

    ¿Cómo escribir mal?

    Si algo he podido hacer por mi salud mental —antes de ser psicólogo y aún siéndolo— es escribir.

    Se convirtió en mi propio método de catarsis, una forma de desahogo con acceso inmediato, que sólo exige dos cosas: pensar y escribir lo que pensamos.

    Escribo este texto, informal a propósito, con una sola finalidad: exponerme ante mi audiencia, porque siento que merece esta explicación.

    Soy un mal escritor. Lo he sido toda mi vida académica.

    Y admitirlo me da paz, porque me permite romper con el perfeccionismo que tantos colegas esconden. Hay tanto que no sabemos, y tanto que presumimos saber, que el ego —esa forma de no mostrarnos débiles— se disfraza detrás de una coraza de superioridad.

    El problema con mi escritura comenzó con la auditoría de mi gran madre.

    Aunque no tiene culpa, fue consecuencia de la presión por mi “letra fea”.

    Menos mal que en este documento se entiende lo que escribo.

    Escribir mal se ha vuelto un placer: una libertad. La libertad de no sufrir por las comas, los puntos o las pausas. Estoy seguro de que mi profesora estaría avergonzada de este texto… Lo interesante es que no tengo intención alguna de cambiarlo.

    No me interesa saber si soy un buen o un pésimo escritor.

    Escribir me salvó. Me cambió la vida entera.

    A través de la escritura regulé mis emociones, hablé de mis sueños, formulé mis propias teorías, y convertí mis pensamientos en tinta sobre papel.

    Mi salud mental estuvo escrita durante años en los cuadernos, y sigue estando ahí.

    Quizá lo mejor fue no tener que mostrarle a nadie lo que escribía —ni cómo lo hacía—.

    Permitir que mi pluma fuera libre, que dijera lo que alcanzaba a traducir de mi mente al cuaderno.

    Nada de lo que escribía era una amenaza: era yo mismo pasándome a limpio, observando, analizando y tratando de darle sentido a mi desobediente redacción.

    Gracias por leerme,

    Carlos